Más de la mitad de nuestro álbum de fotos de boda es con los invitados. A la llegada al llagar, durante el aperitivo y muchas en el baile. Pero si hubiera sabido de la existencia de este “invento”, estoy segura que las fotos habrían sido antológicas.

Equipo necesario: un rincón decorado para la ocasión como más te guste – eso sí, la ausencia de posado, imprescindible en momentos como éste, será inversamente proporcional a la distancia recorrida desde la barra del bar-, una cámara de fotos con disparador con mando (¿se dirá así?) y grandes dosis de diversión, risas y poca vergüenza.

Por cierto, nunca había visto tantos centímetros de piel tatuados en mi vida. Pero claro, eso puede suceder si la novia es propietaria de un centro de tatuajes…

{via: Our Labor of Love}