Novia de corto ramo de rosas blancas

Últimamente me lo pregunto hasta yo. “Leticia, para qué tienes este blog al que apenas te da tiempo a asomarte”. Desde enero que no os doy los buenos días desde aquí. Pero hay algo en mí que se resiste a dejarlo, a darle carpetazo. Quizá por la increíble cantidad de trabajo que hay resumido en este espacio, detrás de cada post, un trabajo que posiblemente pase desapercibido; el tiempo que lleva encontrar cada historia, seleccionar las fotos, editarlas para el tamaño adecuado al blog, escribir la historia de sus protagonistas, buscar los enlaces, contestar mails, cuidar mínimamente el diseño o atender los comentarios en redes sociales…

Con lo entretenida que me tiene Vintage & Chic (es que no te lo pierdas, es un blog donde escribo cada día, con una tienda online con cientos de referencias y un taller donde estoy yo solita preparando los muebles y la mayoría de las piezas a la venta), te aseguro que cada vez con más frecuencia me pregunto que porqué sigo metida en este lío.

Me digo a mí mi misma que cuando empecé hace casi 6 años con el blog {… y algo azul}, el germen de lo que hoy es {Love Notes}, no había blogs de bodas como los que hay hoy en día, blogs personales donde se hablaba en español de bodas especiales, pero hoy ya no es así; afortunadamente hoy hay un montón de blogs de bodas, bonitos, personales, más o menos originales y con editoras fantásticas detrás. Y eso y mi crónica falta de tiempo parecen la razón de peso perfecta para decir adiós al blog ¿verdad?

Pero hace unas semanas me pasó algo especial. Y entendí porqué tengo un blog de bodas. Resulta que lo tengo, sencillamente, porque no puedo tener un blog de amor. Llámame ilusa, pero creo que las pequeñas historias à deux hacen el mundo mucho mejor y esa parte de sentimiento, de tripa, de amor de verdad, es la que realmente me atrae y me tira, hace que no lo cierre, me enganche; mucho más que la ceremonia, el rito, el sí quiero y la fiesta. Estoy convencida que el amor mueve el mundo. Me pirra ver cómo una pareja se hace ojitos, ver padres y madres radiantes, gente feliz que disfruta de un día señalado en el calendario. Y las bodas, vale, no todas, pero sí la aplastante mayoría, tienen una alta concentración de todos esos elementos. Y vestidos bonitos. Y hombres elegantes, incluso con pajarita, una debilidad personal. Y gente especialmente guapa. Y sonrisas. Y unas fotos y unos vídeos alucinantes. Cápsulas de felicidad, como me gusta llamarlas.

Lo que me pasó hace unas semanas fue algo muy sencillo y muy profundo.  Un hombre detallista y enamorado se puso en contacto conmigo para sorprender a su mujer, seguidora de mis blogs y en fase de recuperación de una enfermedad latosa de esas en las que es normal tener días buenos, regulares, malos y un poco peores, con un objeto de mi tienda que él sabía le haría mucha ilusión. Y como quería sorprenderla cuanto antes, porque justo esos días no estaban siendo de los mejores, nos pusimos en marcha a toda prisa y quedamos en un parking perdido en mitad de un centro comercial bajo la lluvia y a la hora de comer para que ella tuviera cuanto antes su espejo. Y me consta que para ella ese fue un día especial.

Y entonces me dije que esas pequeñas historias maravillosas, de amor sin adornos hay que compartirlas, y que con que una sola persona sienta la misma emoción que sentí yo, pues bien invertido que está mi tiempo.

Así que, sin más excusas, el lunes arrancamos de nuevo con LoveNotes. Será despacito, quizá una vez por semana, pero será. Ya verás.

Si hasta le he creado una cuenta en Instagram y todo :).

{Foto: Mikael Olsson. Puedes ver el resto del reportaje aquí}

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 Y como premio por haberte leído mi rollo hoy, un regalito sacado de Pride & Prejudice.