Supongo que con este título, pensaréis que Paz, la radiante y afortunada novia andaluza que hoy comparte su boda desde {…y algo azul} iría peinada con ondas al agua, o tendría una belleza más racial. Pero ¿sabeís? Paz lucía el día de su boda una tiara de brillantes de 1930, prestada por una amiga de la familia, y que aparece pintada en un cuadro de Julio Romero de Torres. Ahí queda eso.

La ceremonia tuvo lugar el 16 de octubre de 2010 en Puente Genil, Córdoba y lo celebraron con una fiesta de marcado acento andaluz en una finca que tienen en Badolatosa, Sevilla. ¿Os imagináis un aperitivo al aire libre en el patio empedrado del cortijo -oh, cielos, los tacones!!- y la comida bajo una carpa en el picadero? ¡Olé! Además, Paz y su marido, David, hicieron instalar otra carpa más para el baile y las copas junto a la piscina, aunque el tiempo acompañó y no hubo que guarecerse de ningún chaparrón otoñal.

Paz llevaba un vestido de Jorge Acuña, unos Manolo Blanik plateados regalo de su suegra (guau…) y un ramo que su madre arregló a última hora con margaritas, lirios dorados y espigas, tras un “incidente” con el ramo original… El vestido, que para mí tiene un maravilloso aire años 20, era de muselina de seda blanca y llevaba encaje de Chantilly en el cola y el fajín (eso sí, teñido con té para darle ese color añejo que tan bien le va al vestido) donde además iba prendida una joya muy especial para Paz y su familia: un broche que su madre presta habitualmente a una hermandad local para que la virgen del Consuelo lo luzca en las procesiones en Semana Santa.

La verdad es que para mí, que vivo en la otra de España, todo lo que rodea a esta boda me sabe a Andalucía, a finos, a sevillanas, a palmas y a alegría. ¡Enhorabuena a los novios!!