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Cuando un fotógrafo de bodas dice de una de las que le ha tocado fotografiar es “la boda del siglo”, podemos pensar que estamos ante algo muy, muy especial.

Y la verdad es que ya sólo la descripción de esta pareja, de cómo se conocieron (ella, gran fan de la Guerra de las Galaxias, iba vestida de uno de esos personajes en el preciso momento del flechazo mutuo…), de su boda descrita con detalle en la edición digital del New York Times -sí, habéis leído bien- nos hace presagiar lo increíblemente imaginativos y originales que son ambos. La novia, Kestrin, es músico -creo haber leído por algún sitio que toca el cello- y actriz esporádica y él también anda enredado en trabajos muy creativos. Total, gente fabulosamente poco convencional.

El va impecable con su traje Dolce & Gabbana, camisa blanca de Burberrys, zapatos de Prada y una fina corbata de color gris-plata; ella llevó tres vestidos: uno de novia, firmado Monique Lhuillier, otro verde vintage que lució en el almuerzo tras la primera ceremonia y al día siguiente por la mañana y ya el tercero, con cola y en color oscuro, para la fiesta que cerró las celebraciones. Al primer vestido lo acompañaba un chal negro vintage y un original ramo en el que las flores cedieron su lugar a una planta que se alimenta del aire (literamente): la tillandsia. Y es que la fiesta se prolongó durante dos días y dos fueron también las ceremonias que llegaron a celebrar.


El primer día hicieron una ceremonia más íntima, reservada a los familiares y que tuvo lugar en lo alto de un acantilado, en la costa californiana, a dos horas y media en coche -perdón, en LIMUSINA- desde San Francisco. Aquí vemos algunas de las fotos de ese viaje regado con champán, aunque me queda la duda de si iban juntos o en limusinas separadas…







(aquí están sentados en el mismo banco en el que se prometieron. romántico ¿verdad?)

El viento azotaba con fuerza, como se puede ver claramente en las fotos y no sé porqué pero para mí eso les da un extra de encanto y de magia. Supongo que los invitados no estarán tan de acuerdo conmigo respecto a las condiciones climatológicas, pero no me digáis que el lugar no es una pasada. Por cierto, el portador de los anillos fue su querido perro ;)


Una vez en el restaurante, la novia cambió (más bien “reservó”) su vestido y se puso uno precioso corto, vintage y de color verde lleno de volantes de tul. Parece ser que lo encontró a última hora y se enamoró instantáneamente de él. Y no me extraña. Es divertido, fresco, diferente…

Al día siguiente se celebró la fiesta con amigos y familiares. Ahí ya fueron unos 300. Para ello eligieron una gran floristería con ENCANTO propiedad de la hermana del novio, Flora Grubb Gardens. Un lugar impresionante, lleno de detalles originales, como esa bicicleta cubierta de cactus y plantas o los coches desvencijados a modo de maceteros tamaño XXL. Ella repitió los dos vestidos que ya había usado el verde corto para una nueva sesión de fotos ¿quizá también para el almuerzo?, su Monique Lhuillier y dejó una sorpresa para el final.

¿Lo mejor? Los atuendos de los invitados. Los novios no quisieron marcar unas reglas de vestuario muy estrictas (como ellos dicen, no son quiénes para decirles a nadie cómo vestirse), pero sí que les dieron unas pistas geniales, animándoles a ponerse trajes o vestidos originales, espectaculares llegado el caso; lo mejor de lo mejor, lo más de los más, y sobre todo nada parecido a ropa deportiva en ninguna de sus variedades… Yo secundo la moción.

Y como les parecía que una fiesta no sería suficiente para colmar las ansias nupciales de sus amigos, celebraron una segunda ceremonia no religiosa -la anterior tampoco lo fue-, en la que leyeron textos de filósofos, poetas y científicos, repartieron banderas de color rojo y amarillo y se produjo una catarsis colectiva mientras cantaban una canción todos a coro. Y mientras, ellos estaban subidos a una especie de plataforma que daba vueltas y vueltas. Absolutamente genial. Pero lo que más me gusto, lo que me ha llegado al alma, fueron los votos que se dijeron mutuamente y que están en inglés en uno de los links inferiores. Y aquí tenéis un video hecho por uno de los invitados de ese momento.

Y fue entonces cuando la novia se puso su tercer vestido, un palabra de honor en color oscuro, corto por delante y con cola. Desde luego, hay que ver el cambiazo que un maquillaje y un peinado distintos pueden dar en una novia ¿os habeís fijado en la diferencia respecto al día anterior?. Y ahí ya hubo tarta, photobooth, tres barras de bebidas, un balancín a pedales y toneladas de diversión. En fin, no se si será la boda del siglo, pero sí una de las mejores que han pasado por este blog… Si queréis ver cientos de fotos de esta boda, no tenéis más que seguir el primer link inferior.