No me entusiasman las carpas como espacio en el que celebrar una boda, salvo que el lugar donde esté instalada lo justifique. Es decir, que no haya otro lugar mejor en las inmediaciones, o que esté junto al mar, en medio de un bosque o a la orilla de un lago, o que esté tan genialmente decorada como ésta, claro. Más que una carpa, parece un palacio de cuento, con las paredes y techo de tul o gasa, los globos de luz, las sillas en blanco, los manteles en toile de jouy azul y blanco (¿no son una maravilla?)…

 

{Fotos: Laura Novak}