¿Os acordáis de la boda que os enseñaba hace unos días? Pues acabo de descubrir que la fotógrafa ha subido un montón de imágenes más y no podía dejar de compartir con vosotras algunas de ellas desde aquí.

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Porque me he quedado enamorada de esta carpa decorada casi exclusivamente con globos y cintas de colores y algunas velas… (aunque espero sinceramente que esas sillas no sean de plástico…)

Este es el panel de situación de las mesas. Si no ando muy equivocada, cada una de ellas lleva el nombre de una isla de la Polinesia Francesa, destino del viaje de novios de este par de afortunados.
Pero quizá lo que más me ha llamado la atención han sido las maravillosas pamelas, sombreros y tocados que lucían algunas de las invitadas. ¿Menos es más? Depende del cuándo y del cómo. La primera, sin duda, es mi favorita, pero si os fijais, entre las invitadas que más me han gustado varias no cumplen ya precisamente los 30 años…


Y cierro con una idea que me ha parecido genial. Ya se sabe que el protocolo “invita” a conservar pamelas y sombreros durante el almuerzo o cena. Pero, qué queréis que os diga, si yo me encontrar la “invitación” a dejar el mío colgadito de un precioso lazo rosa colocado estratégicamente en la pared, le diría adiós sin ningún tipo de disgusto una vez lucido eso sí, durante toda la ceremonia y el aperitivo previo. Digo yo que el protocolo también está para saltárselo de vez en cuando y sobre todo, cuando todo el mundo se pone de acuerdo para hacerlo ¿no os parece? (ah, por cierto, ya estoy de vuelta de mis vacaciones, así que intentaré publicar con más frecuencia).