Archivo mensual: Junio 2010

{Una boda con detalles en amarillo: absténgase supersticiosos}

novios
Los novios

Taryn + Owen, da Trowen + fecha de la boda. Un recuerdo cosido en el interior del traje. ¿No es genial?


Las invitaciones Los detalles para regalar a los invitados: barajas de cartas, caramelos…

El novio.

y la novia ¿embarazada, quizá? (si lo está, ese corte imperio lo disimula de maravilla; si no, quizá este vestido no haya sido la mejor elección…)

¿Qué os parece la idea de colocar una pantalla en el “altar” y proyectar en ella imágenes evocadoras? Un toque cálido y personal en un lugar tan poco acogedor como una nave. Vale, las velas también visten un montón…

Y de nuevo esas lucecitas de fiesta que tanto me gustan…

 

{La boda de Victoria de Suecia}

Esto es lo genial de internet: acabo de ver en vivo y en directo (bueno, en realidad sigo con la ventanita del vídeo abierta en la pantalla) la boda de Victoria de Suecia, como si no estuviera a miles de kilómetros… Eso sí, en sueco =S !!!
Me he vuelto loca capturando más y más pantallazos a medida que iba trascurriendo la ceremonia, desde la llegada de los invitados (os dejo algunos que me han gustado especialmente), la reina y su otra hija, la llegada del novio acompañado por su cuñado y ya por fin la llegada de la novia. Iba guapísima, muy juvenil, MARAVILLOSA con un vestido de escote barco y manga corta -lo del escote “barco” muy adecuado para una ciudad como Estocolmo ;)-. La ceremonia con orquesta, coro, cantante de ópera y canción de amor de lo más romántica a cargo de un par de cantantes, fue de verdad muy emotiva, pese al empaque lógico de una boda real. Pero me ha parecido, comparada con otras que recuerdo de este nivel protocolario, sencilla y con una pareja muy enamorada… (ahora que no nos oye nadie, os diré que hasta me emocioné en un par de ocasiones….).


la entrada de la novia (fijaros qué guapos iban los niños)…


durante la ceremonia… (¿veis en la última foto de esta serie lo que os decía de los anillos?)


Y lo mejor: el paseo en calesa….


…y su salida en barco hacia el lugar donde les esperaban los invitados, muchísimos suecos de a pie, orquesta, coro y un sol espléndido. Pues que vivan los novios…

Ale, ahí os dejo la primera tanda de fotos. Perdonad la mala calidad, pero como os digo, son pantallazos del ordenador. Ah, por cierto, la boda aún sigue en directo aquí

{De bodas (muy) bien iluminadas…}

Ayer os comentaba lo importante que me parece la elección de un buen fotógrafo para guardar un recuerdo inmejorable de un día que se pasa volando y en el que las cosas se suceden a toda velocidad y como por arte de magia. Si un fotógrafo “atento” y con un radar especial para captar esos pequeños detalles es imprescindible, las fotos pueden resultar impresionantes si además se cuenta con la ayuda de una buena iluminación. Claro que en la mayoría de los restaurantes nos mirarán como a locos si les hablamos de cambiar las luces, pero a mí me parece que la intensidad y color de la luz son cruciales a la hora de crear un ambiente agradable y festivo
¿Os podéis creer que lo único rosa que hay en esta carpa es la luz? Casi todo en ella es blanco. (o naranja, o rojo, según el filtro…)

Cualquier espacio puede cambiar 180ºC con el empujoncito de una buena iluminación. Ya sea jugando con el color de la luces, como las fotos que aquí os traigo, bien sea con la colocación de unas sencillas guirnaldas como de fiesta de verano (os las he enseñado ya en algunas bodas, como esta o esta), bien apostando sobre seguro con arañas de techo, bien sea jugando con la luz de las velas, sin duda, mi opción favorita…

Dejadme que os cuente una anécdota que recuerdo de mi boda. Cuando, una vez acabado el aperitivo en el prao (sí, aquello no eran precisamente unos jardines franceses, sino más bien un prao asturiano bien segado) e íbamos a entrar al interior del llagar, les pedí a los camareros que apagaran las luces. Me miraron como si estuviera loca “¿apagar las luces?? Pues vale…” Pero yo guardo en mi retina el recuerdo de ese espacio sencillo y modesto rodeado de toneles, un llagar de sidra, una gran nave, al fin y al cabo, con sus mesas redondas y sus sillas vestidas con una tela blanca y sobre cada mesa un centro con una vela encendida. Unas 15 ó 20 velas, si no recuerdo mal. Sencillo, sin grandes medios, pero a mi entender, con encanto. Por mí, hubiéramos cenado así, a la sola luz de las velas, pero la magia se apagó en cuanto encendieron de nuevo la luz. Ah, paradoja…

{Fotos: Art of Love}

{Una boda en un viñedo}

novios+boda+en+un+viñedo

La boda que hoy os traigo es para mí un ejemplo clarísimo de la importancia que tiene elegir un buen fotógrafo para un día tan especial, tan repleto de información y de cosas “fotografiables” que pueden llenar álbumes y álbumes de detalles. Y eso pasa incluso hasta en las bodas más sencillas, como esta. Aquí han sabido ver y captar momentos irrepetibles, los momentos esenciales a mi entender, y que van más allá de lo guapa que estuviera ella y lo bien que le sentara a él su traje. Unas palabras escritas en un papel, un beso en el pelo, una mirada, unos brazos que se agarran a una cintura mientras caminan, un sol de atardecer… Detalles cruciales e irrepetibles, que perduran, cálidos, entrañables, que importan de verdad y que nadie mejor que un profesional para ver y captar. Luego, eso sí, cuantos más invitados hagan fotos, mejor que mejor, que las del baile y la fiesta suelen ser sencillamente memorables…¿o no?
{Fotos: Amy & Stuart}

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