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Qué pena que cuando Berto y yo nos casamos, allá por el Paleolítico Superior, nunca había oído hablar de las “sesiones de compromiso” o “engagement sessions” tan habituales en Estados Unidos y que sirven de preludio a lo que sucede generalmente meses más tarde: el día B (de boda, claro). Y me da pena porque son fotos donde los novios están relajados, felices y en las que se puede hacer el ganso todo lo que se quiere y hasta, porqué no, jugar a vivir en épocas pasadas enfundándose en un look vintage fabuloso…

Pelearse con pinturas

Sacar a la bestia de la pista de baile que casi todos llevamos dentro…
Me parecen una manera genial para recordar el “cómo éramos” y perfectas para ampliarlas y decorar con ellas algún rincón de casa. Yo tengo el consuelo de que me dio por hacerme una sesión de fotos justo antes de casarme, sin ningún motivo especial. Lo malo es que de aquella llevaba gafas, pelo largo y me vestí de lo más normalita…. Aún así hoy me alegro mucho de haberme sacado esas fotos, porque hay que ver lo que una cambia en 10 años de nada ;).
Disfrazarse…, ejem, vestirse de cow-boy…

o hacer un homenaje al flower-power…

¿Os habéis fijado en que los novios de las últimas fotos hicieron dos sesiones con dos estilismos completamente distintos? Bueno, la verdad es que puestos a hacerse fotos ¡cuantas más, mejor!!

* Por cierto, que estos estadounidenses son de casa grande: además de las “engagement sessions”, a veces también se hacen las “bridal sessions” (sólo para ellas) y los “trash the dress” de los que ya os hablaba, en versión española, aquí. Por no hablar de las despedidas de solteros que son verdaderas fiestas temáticas, de las fotos de aniversario (una por año, si me apuráis), etc, etc…

{Fotos: Kristin Vining}